The Informant! (2010) |
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De nuevo en colaboración con Matt Damon, Soderbergh edifica toda una trama de malévolas corporaciones internacionales para ponerla al servicio de un personaje inmenso, Mark Whitacre, un ejecutivo de una multinacional que denuncia al FBI la conspiración de su compañía para la fijación de precios a nivel mundial. Desde un punto de partida en el que no queda claro cuál es el juego del protagonista, la película se dilata en una serie de reuniones, grabaciones, huidas y mentiras que convierten la primera parte de la narración en un relato un tanto tedioso para los espectadores más impacientes.
Hay que aclarar que en ningún momento es una comedia de chiste al uso, facilón y sin complicaciones, y que tampoco vamos a encontrarnos con una humorada al estilo de las de los hermanos Coen, por ejemplo “Quemar después de leer”. Su juego es otro. Nos ofrece la posibilidad de asistir a la construcción impecable, genial a ratos, de Mark Whitacre, interpretado por un Matt Damon en estado de gracia. Soderbergh da una vuelta de tuerca a una historia condenada a convertirse en un filme de espionaje y tribunales, y la transforma en una comedia llena de sarcasmo y diálogos hilarantes.
La película en todo momento es imprevisible, y dicha condición empieza por un inaudito (y eficaz) proceso de construcción psicológica de su protagonista: Whitacre se define mediante monólogos interiores que pueden ir desde comentarios sobre la textura del aguacate o la traducción alemana de “boli”, pero también desde sus ilusas menciones a “La tapadera” (Sydney Pollack, 1993) o una declaración de principios sobre la idea de que todo es relativo, todo esto desde su optimismo casi imbécil. Esta voz en off del protagonista combinada con la burlesca (y acertada) música de Hamlisch y las grises oficinas en las que se desarrolla la historia cumplen la función de desviar la atención del espectador en todo momento hasta el vertiginoso final.
Soderbergh podría haber aplicado tintes más dramáticos e histriónicos a su historia, pero ha elegido la sencillez en todo momento y en todas las parcelas de su película, desde la fotografía hasta el montaje o la planificación, de manera que nos encontramos ante una historia intimista que con frecuencia nos recuerda el cine independiente más modesto, lo cual es bueno, porque nos acerca más a los personajes y proporciona más realismo a las situaciones.
Se aprecia una sutil crítica hacia el sistema financiero que sustenta el planeta, con más razón si cabe, en el momento económico actual. La historia relatada en la película esta basada en hechos reales sucedidos a principios de los noventa, pero no hay que ser muy astuto para comprender que el panorama no ha cambiado mucho. Casos recientes como el de la empresa “Enron” o el de “Benard Madof” demuestran que vamos de mal en peor…
“En este país todo el mundo es víctima de un delito corporativo antes de que acabe el desayuno”





























